La empresa Kingstone Mining adquirió el 85% del proyecto Pumillahue, en una operación por US$3,2 millones. La inversión vuelve a poner la mirada sobre una zona donde la búsqueda de oro ha marcado la historia desde el siglo XVI y que hoy podría iniciar un nuevo ciclo de exploración minera.
MARIQUINA.– La búsqueda de oro forma parte de la historia de Mariquina desde hace casi cinco siglos. Los antiguos lavaderos de Madre de Dios dieron origen a una tradición minera que hoy suma un nuevo capítulo con el ingreso de capitales chinos al proyecto aurífero Pumillahue.
De acuerdo a informaciones publicadas en la semana por medios nacionales, la empresa China Kingstone Mining adquirió el 85% de la sociedad propietaria del proyecto por US$3,2 millones. Un informe preliminar estima un potencial de 72 mil onzas de oro, aunque la propia empresa advirtió que esa estimación no constituye un recurso certificado ni garantiza una futura explotación.
Consultada al respecto, la seremi Karina Silva Fernández señaló que el interés de nuevas empresas refleja un mayor clima de confianza para la exploración minera y sostuvo que Chile ofrece condiciones atractivas para la inversión gracias a su potencial geológico y a un marco institucional que entrega certeza jurídica. En todo caso, fuentes de gobierno indicaron que aún no existe información detallada del proyecto por lo que se desconocen las implicaciones ambientales y operacionales hasta el momento.
Cinco siglos de historia minera
En la crónica «El tesoro de Mariquina brilla bajo tierra», la periodista Carolina Jaramillo Jélvez reconstruye la historia de un territorio donde la búsqueda del oro marcó durante siglos la vida de sus habitantes. Publicada en el libro Territorio Narrado: Crónicas de la Región de Los Ríos, editado por el Consejo Regional Los Ríos del Colegio de Periodistas de Chile y el Círculo de Periodistas Camilo Henríquez, con financiamiento del Gobierno Regional de Los Ríos, la investigación no solo rescata los antecedentes históricos de la explotación aurífera, sino también las vivencias de generaciones de pirquineros que hicieron del oro una forma de vida.
La autora describe cómo el conocimiento de las vetas, los esteros y las quebradas fue transmitiéndose de padres a hijos, convirtiendo la búsqueda del metal precioso en un oficio que mezclaba experiencia, perseverancia y esperanza. Más que una actividad económica, el oro pasó a formar parte de la identidad de numerosas familias de Mariquina, alimentando la ilusión permanente de encontrar el próximo gran hallazgo bajo la tierra que conocían desde niños.
Al remontarse a los orígenes de esa actividad, Carolina Jaramillo cita al historiador Gabriel Rivera Gutiérrez, quien describe el comienzo de la explotación aurífera en la zona con una imagen tan elocuente como dramática: «El metal precioso comenzó a brotar con esplendidez desde las entrañas de la tierra impulsado por la fuerza mecánica de miles de indígenas sometidos al régimen de la encomienda». La cita resume el enorme potencial minero que escondía el territorio, pero también el alto costo humano que significó su explotación durante la época colonial.
Proceso recién comienza
Más allá de la magnitud económica de la operación, el ingreso de capitales chinos a Pumillahue constituye una señal de que la actividad minera en la Región de Los Ríos continúa despertando interés, incluso en un territorio donde tradicionalmente la economía ha estado vinculada a la actividad forestal, agropecuaria y turística. La historia demuestra que el oro nunca dejó de estar presente en Mariquina, aunque su explotación ha transitado por largos períodos de auge, abandono y exploraciones de menor escala.
Sin embargo, el anuncio corresponde, por ahora, al ingreso de un inversionista a un proyecto de exploración. Aún no se conocen los detalles técnicos de la iniciativa, su cronograma de desarrollo, la eventual magnitud de las faenas ni las obras que podrían requerirse para una futura explotación del yacimiento. Tampoco existen antecedentes públicos sobre los estudios ambientales que eventualmente deberán realizarse o los procesos de evaluación que corresponderán si el proyecto avanza hacia etapas posteriores.
Precisamente por ello, el eventual desarrollo de Pumillahue abre una conversación que trasciende el interés económico. Si las exploraciones confirman un yacimiento de relevancia, el desafío será compatibilizar una oportunidad de inversión y generación de empleo con la protección del patrimonio natural, los cursos de agua, la biodiversidad y la calidad de vida de las comunidades locales. Esa discusión deberá desarrollarse con transparencia, acceso a la información y pleno cumplimiento de la legislación ambiental vigente.
De momento, la llegada de Kingstone Mining representa un renovado interés por un distrito aurífero cuya historia comenzó hace casi cinco siglos y que vuelve a situar a Mariquina en el mapa de la minería chilena.
Por Marcelo Patroni, director de El Fuerte Noticias



