Medellín, París, Singapur y Londres impulsan distintas estrategias para recuperar árboles, suelos, cursos de agua y biodiversidad dentro de sus espacios urbanos. La tendencia, conocida como renaturalización urbana, busca integrar la naturaleza a la vida cotidiana y avanzar hacia ciudades más resilientes, habitables y conectadas con sus ecosistemas.
Internacional. Durante décadas, el crecimiento de las grandes ciudades estuvo asociado a la expansión del cemento, las calles y la infraestructura. Hoy, distintas urbes están comenzando a replantear ese modelo y a devolver espacio a árboles, suelos, cursos de agua y vegetación.
La tendencia, conocida como renaturalización urbana, busca que la naturaleza deje de estar confinada a parques o áreas verdes aisladas y pase a formar parte de calles, barrios, escuelas y otros espacios de uso cotidiano. Más que sumar áreas verdes, el objetivo es incorporar los ecosistemas a la propia estructura de las ciudades.
Medellín: corredores verdes para conectar la ciudad
Uno de los ejemplos más reconocidos se encuentra en Medellín, donde los denominados corredores verdes han transformado avenidas y espacios anteriormente dominados por el tránsito y el cemento.
Árboles, jardines y distintas especies vegetales conforman corredores que atraviesan sectores de la ciudad, conectando áreas verdes y generando nuevos espacios de sombra y vegetación en zonas densamente urbanizadas.
La experiencia muestra cómo calles e infraestructura que tradicionalmente fueron concebidas exclusivamente para la circulación pueden incorporar nuevas funciones ambientales y contribuir a mejorar las condiciones del entorno urbano.
París: transformar los patios escolares
En París, la renaturalización también ha llegado a los establecimientos educacionales. A través del programa Cours Oasis, superficies tradicionalmente cubiertas de asfalto han comenzado a incorporar árboles, jardines, sombra y suelos permeables.
La transformación no se limita a los patios. Antiguas áreas destinadas al estacionamiento y algunas calles próximas a establecimientos educacionales también han comenzado a convertirse en espacios peatonales y vegetados.
La iniciativa busca generar lugares más frescos y agradables para niños y comunidades, al mismo tiempo que aumenta la capacidad de la ciudad para enfrentar episodios de calor y lluvias intensas.
Singapur: una ciudad dentro de la naturaleza
En Singapur, la estrategia City in Nature lleva el concepto a una escala mayor. El objetivo es conectar parques y reservas naturales mediante corredores ecológicos, ampliar la presencia de árboles y acercar la biodiversidad a los barrios.
La propuesta supone un cambio respecto de la tradicional idea de una “ciudad jardín”. Ya no se trata solamente de incorporar parques a una ciudad construida, sino de integrar los ecosistemas a la planificación y funcionamiento de la propia ciudad.
De esta manera, calles, edificios, espacios públicos y áreas naturales pueden formar parte de una misma red ecológica.
Londres: recuperar hábitats y especies
En Londres, la recuperación de la naturaleza también está tomando la forma del rewilding, una estrategia orientada a restaurar hábitats, conectar espacios naturales y favorecer el regreso de especies a determinados sectores urbanos.
Entre 2022 y 2025, el fondo Rewild London apoyó 62 proyectos, entre ellos iniciativas destinadas a crear corredores para la fauna y favorecer la recuperación de especies. Uno de los casos más llamativos fue la reintroducción de castores en Ealing, después de siglos de ausencia.
Estas experiencias muestran que la renaturalización puede adoptar distintas escalas: desde la recuperación de un pequeño espacio urbano hasta la creación de redes ecológicas que atraviesan una ciudad.
Más naturaleza, pero también más equidad
Detrás de estas iniciativas existe además una dimensión social. ONU-Hábitat ha planteado que las soluciones basadas en la naturaleza pueden integrarse a la planificación urbana para enfrentar simultáneamente desafíos como los riesgos ambientales, la pérdida de biodiversidad y las desigualdades dentro de las ciudades.
Desde esta perspectiva, la discusión no se limita a determinar cuánto verde tiene una ciudad, sino también a preguntarse dónde está, quién puede acceder a él y qué comunidades se benefician de sus efectos.
La distribución de áreas verdes adquiere especial relevancia en sectores con mayor exposición al calor, contaminación, inundaciones u otras amenazas asociadas al cambio climático.
Naturaleza y bienestar
La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha destacado los posibles beneficios del contacto con espacios naturales. El acceso a entornos verdes puede favorecer la actividad física, la interacción social y la relajación, además de asociarse con menores niveles de estrés y mejores condiciones de bienestar mental.
Así, recuperar naturaleza dentro de las ciudades no significa simplemente embellecer calles o crear nuevos parques. También implica intervenir los lugares donde las personas estudian, trabajan, se desplazan, se encuentran y desarrollan su vida cotidiana.
Una nueva relación entre ciudad y naturaleza
La renaturalización urbana no pretende que las ciudades regresen a un estado anterior a la urbanización. El desafío es encontrar nuevas formas de convivencia entre infraestructura, personas y ecosistemas, incorporando la naturaleza como parte fundamental de la planificación urbana.
Un patio escolar en París, una avenida arbolada en Medellín, una red ecológica en Singapur o un proyecto de recuperación de hábitats en Londres representan soluciones diferentes frente a un mismo desafío.
La idea que las conecta es sencilla, pero supone un cambio profundo en la manera de pensar las ciudades: la naturaleza ya no tiene por qué comenzar donde termina lo urbano; puede formar parte de la ciudad misma.
Redacción El Fuerte Noticias














