La experiencia del Teatro Educativo de las Artes de Panguipulli trasciende la programación artística. Detrás del edificio existe un proyecto que comienza en la sala cuna, incorpora a familias, comunidades mapuche, artistas, vecinos y oficios tradicionales para construir un verdadero paisaje cultural. El modelo, impulsado por la Corporación Amigos de Panguipulli, comienza a despertar interés como referente nacional de gestión cultural comunitaria.
PANGUIPULLI.– Pocos imaginarían que, al preguntar a comunidades mapuche de Panguipulli qué tipo de espectáculos les gustaría conocer, la respuesta sería jazz. La sorpresa también la vivió Pamela Calsow, directora ejecutiva del Teatro Educativo de las Artes de Panguipulli (TEAP). “Yo jamás hubiera pensado que las comunidades mapuche nos iban a pedir jazz. Uno cree que les quiere mostrar cosas mapuche, pero ellos nos dijeron: ‘Eso lo vemos nosotros. Queremos ver otras cosas’”, relató durante una conversación con El Fuerte Noticias realizada en el marco de un recorrido por el destino Panguipulli Sietelagos.
La anécdota no habla de música. Habla de una manera distinta de entender la cultura. Detrás del moderno edificio del TEAP existe una filosofía construida durante casi dos décadas por la Corporación Amigos de Panguipulli: la cultura no se diseña para la comunidad, sino con la comunidad. Esa convicción ha transformado al teatro en un espacio donde el escenario es apenas una parte de un proyecto mucho más amplio, orientado a fortalecer la identidad, el patrimonio y la vida comunitaria.
Pamela Calsow forma parte del equipo que dio origen a esta iniciativa y ha acompañado su crecimiento desde los primeros programas musicales impulsados en 2007. Su trayectoria fue reconocida con la Medalla 2 de Octubre del Gobierno Regional de Los Ríos y hoy es invitada a distintas comunas del país para compartir un modelo de gestión cultural que comienza a ser observado como una experiencia de referencia.
Contacto temprano con el arte
Uno de los aspectos más sorprendentes del proyecto es que la formación artística comienza antes del colegio. “Creamos una línea de programación donde fueran avanzando desde la sala cuna hasta, en el fondo, su familia y sus abuelos”, explica Calsow. La apuesta no busca únicamente formar futuros músicos o actores. Busca que el contacto temprano con el arte despierte la creatividad, fortalezca la sensibilidad y genere conversaciones al interior de las familias, reconociendo que el conocimiento también está en las personas mayores, en las comunidades mapuche, en los oficios y en la memoria del territorio.
Después de estudiar distintos modelos de administración teatral, el equipo llegó a una conclusión que cambió el rumbo del proyecto. “Nos dimos cuenta de que no era posible hacer algo como esto sin conversar con la comunidad”. Desde esa idea nació un sistema de trabajo inspirado en el pensamiento en espiral de los pueblos originarios y la línea Conociéndonos, organizada en cuatro mesas permanentes: Universal, Juvenil, Artística y Multicultural. Allí vecinos, jóvenes, artistas y comunidades dialogan con el equipo del teatro para construir conjuntamente la programación.
El episodio del jazz confirmó que iban por el camino correcto. No eran los gestores culturales quienes debían decidir qué necesitaba la comunidad. Era la comunidad la que debía expresar sus intereses y expectativas. Escuchar antes que programar terminó convirtiéndose en uno de los principios esenciales del proyecto.
Una cadena de valor
Pero el aporte del TEAP no termina cuando se apagan las luces de la sala. “No queremos que la persona se siente en esa butaca y solo mire. Queremos que se sienta parte de ello”, afirma su directora. De esa idea nacen talleres donde mujeres confeccionan vestuarios, estudiantes participan en la construcción de escenografías, jóvenes aprenden oficios vinculados al montaje escénico y las comunidades organizan actividades propias, como encuentros interculturales y trafkintus.
Lo que comienza como una experiencia cultural termina convirtiéndose también en una cadena de valor para el territorio. Costureras, profesores, técnicos, artistas, escenógrafos y vecinos encuentran nuevas oportunidades para aportar desde sus conocimientos. La cultura deja de ser solamente un espectáculo para transformarse en identidad, colaboración, aprendizaje y desarrollo local.
Cuando se le pregunta cuál cree que ha sido el principal aporte del proyecto, Pamela Calsow responde sin vacilar: “Acceso. Acceso. Acceso”. Acceso al arte, al conocimiento, a nuevas experiencias y también al reconocimiento de los saberes que ya existen en el territorio.
Construcción de un paisaje cultural
Después de recorrer el teatro y escuchar la historia de quienes lo han construido, resulta evidente que el mayor logro de la Corporación Amigos de Panguipulli no es únicamente haber levantado un edificio para las artes. Lo verdaderamente excepcional es haber construido, junto a su propia comunidad, un paisaje cultural donde niños, familias, comunidades mapuche, artistas, profesores y vecinos participan de una misma obra colectiva. Quizás por eso esta experiencia comienza a despertar interés más allá de la Región de Los Ríos: porque demuestra que la cultura puede ser una herramienta concreta para fortalecer la identidad, cohesionar a las comunidades y proyectar el desarrollo de un territorio.
Por Marcelo Patroni, directo de El Fuerte Noticias






















