Representantes de organizaciones de pesca artesanal participaron en Ancud en un encuentro que promovió la creación de zonas de protección administradas por las propias comunidades. La experiencia pionera de Chepu mostró cómo la conservación de la biodiversidad puede contribuir a la recuperación de los recursos y la continuidad de la actividad pesquera.
ANCUD.– Proteger una parte del mar para asegurar que la pesca artesanal tenga futuro. Esa es la idea que comienza a tomar fuerza entre organizaciones de pescadores de Chiloé, cuyos dirigentes participaron en una experiencia de formación orientada a crear y administrar refugios marinos dentro de sus propias áreas de manejo.
La iniciativa reunió durante el presente mes de octubre a representantes de sindicatos pesqueros de Ancud, junto a instituciones públicas y organizaciones vinculadas con la conservación marina. Durante cuatro jornadas compartieron conocimientos sobre protección de la biodiversidad, vigilancia costera y alternativas para compatibilizar el cuidado de los ecosistemas con el desarrollo económico de las comunidades.
La denominada Escuela de Refugios Marinos fue impulsada por Fundación Capital Azul y la Municipalidad de Ancud, con apoyo del Proyecto GEF Incentivos para la Conservación de la Biodiversidad. Su propósito es entregar herramientas para que las organizaciones de pescadores puedan establecer Zonas Voluntarias de Protección dentro de sus Áreas de Manejo y Explotación de Recursos Bentónicos (AMERB), bajo el marco de la Ley N.º 21.651.
Cuidar hoy los recursos para seguir pescando mañana
El modelo propone que sean las propias comunidades quienes acuerden proteger determinados sectores marinos, establezcan mecanismos de vigilancia y participen en el seguimiento de la biodiversidad.
La experiencia busca favorecer la recuperación de especies y hábitats, fortalecer las áreas de manejo y contribuir a la sostenibilidad de una actividad fundamental para la economía y la identidad cultural del archipiélago.
Uno de los aspectos centrales es que las decisiones nacen de las propias organizaciones, que deben alcanzar acuerdos y asumir responsabilidades colectivas para administrar estos espacios.
“Cuando uno conserva no es que deja de ganar, al contrario, eso te da muchas potencialidades. Una es que en el futuro vas a tener mayor producción”, destacó el alcalde de Ancud, Andrés Ojeda, quien también planteó las oportunidades de diversificación económica vinculadas con el turismo.
Desde el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), su directora regional, Carola Iturriaga, subrayó la importancia de compatibilizar la conservación con las actividades productivas.
“No podemos tener desarrollo económico si no protegemos la biodiversidad”, sostuvo, destacando el papel que pueden desempeñar estos espacios fuera de las áreas protegidas tradicionales.
Chepu comparte su experiencia pionera
El momento central del encuentro se desarrolló en la caleta de Chepu, frente al océano Pacífico, donde integrantes del Sindicato de Pescadores Mar Adentro de Río Chepu compartieron su experiencia en la implementación de un refugio marino, considerado pionero en la Región de Los Lagos.
Durante la visita, realizada el 10 de octubre, los pescadores relataron cómo adoptaron los acuerdos para establecer su Zona Voluntaria de Protección, las dificultades que enfrentaron y los primeros cambios observados después de un año de funcionamiento.
El intercambio permitió que dirigentes de otras caletas conocieran directamente los desafíos de organizar la vigilancia, mantener los compromisos comunitarios y avanzar en la protección de los recursos.
“Con la experiencia que hemos adquirido de los otros Refugios Marinos, se ve que da resultados para preservar los productos en el largo tiempo”, señaló Dag Koch, integrante del Sindicato Azul Marino.
El dirigente destacó la importancia de transmitir estos conocimientos a las bases de las organizaciones para evaluar nuevas iniciativas de protección.
Una nueva mirada sobre la pesca artesanal
Entre los participantes estuvieron representantes de los sindicatos Azul Marino, Gente de Mar Chaular de Guapilacuy, San Pedro de Puente Quilo y Mar Adentro de Río Chepu, además de organizaciones vinculadas con el área de manejo de Mar Brava.
Las jornadas combinaron formación sobre normativa pesquera, monitoreo de biodiversidad, educación ambiental y economías locales sostenibles, incorporando experiencias de pescadores que han desarrollado iniciativas similares en otras regiones del país.
Uno de los testimonios que mejor reflejó el sentido del encuentro fue el de Juan Cárcamo, del Sindicato San Pedro Puente Quilo.
“Para mí esto es algo visionario, siempre pensando en dejar un legado a los que vienen. Nosotros ahora ya no somos depredadores. Se nos cambió el chip, ya no pensamos en raspar la olla, ahora pensamos en dejar para mañana”, expresó.
Desde la Fundación Capital Azul, organización que lleva una década trabajando en el desarrollo de refugios marinos, se espera que la experiencia contribuya a establecer una red de protección comunitaria en Ancud.
La Escuela concluyó en Chepu con la entrega de certificados y una actividad comunitaria. Para los participantes, el desafío será trasladar los conocimientos a sus respectivos sindicatos y evaluar la creación de nuevas zonas de protección.
Redacción El Fuerte Noticias





















