Scroll Top
Los Lagos - Los Ríos - Biobío - Araucanía
a131ea60-88e4-4313-8ae7-778edec8c292
Abrir la puerta del hogar para cambiar una vida: el desafío de encontrar familias para los niños que requieren protección

En la Región de Los Ríos, 19 niños menores de tres años esperan hoy una familia de acogida. Detrás de esa cifra hay historias de personas que han decidido abrir las puertas de sus hogares para ofrecer protección, cariño y estabilidad mientras se resuelve el futuro de esos niños. El seminario “El Derecho a Pertenecer” puso el foco en el derecho de todo niño a crecer en una familia.

VALDIVIA.– Abrir la puerta de una casa parece un gesto cotidiano. Pero cuando esa puerta se abre para recibir temporalmente a un niño que nunca ha conocido la seguridad de un hogar, ese acto cotidiano se transforma en una de las expresiones más profundas de compromiso humano que una familia puede ofrecer. No se trata de una adopción inmediata ni de reemplazar a una familia. Se trata de restituir el derecho de un niño a crecer rodeado de afecto, protección y estabilidad mientras la justicia resuelve su situación familiar.

Esa fue la principal reflexión que dejó el seminario “El Derecho a Pertenecer”, organizado por el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia con apoyo del Gobierno Regional de Los Ríos. El encuentro buscó sensibilizar a la comunidad sobre la importancia del acogimiento familiar, derribar los mitos existentes y promover que más personas se informen y consideren abrir un espacio en sus hogares para niños que hoy lo necesitan.

La urgencia es concreta. Actualmente existen alrededor de 200 niños, niñas y adolescentes que permanecen en cuidado alternativo residencial en la Región de Los Ríos. De ellos, 19 corresponden a niños y niñas menores de tres años, precisamente la etapa de la vida en que el vínculo afectivo y la estabilidad familiar resultan más determinantes para su desarrollo.

La decisión de ser familia de acogida

Entre quienes participaron en el seminario estuvieron Gabriela Arroyo y Daniela Rivera. Ambas forman parte del Programa de Familias de Acogida y, aunque sus historias son distintas, coinciden en algo esencial: abrir la puerta de sus hogares cambió sus vidas.

Gabriela Arroyo y su esposo recibieron hace siete meses a una niña de cuatro años que había permanecido institucionalizada desde los siete meses de vida. Reconoce que el proceso ha significado desafíos, incertidumbres y momentos difíciles. Sin embargo, asegura que la experiencia ha sido profundamente transformadora. “El gran aprendizaje de ser familia de acogida es compartir el entorno familiar que uno tiene, la contención que uno puede darle a un niño o niña. Nosotros somos un matrimonio que nunca quiso tener hijos, pero la llegada de esta niña nos hizo descubrir otras formas de construir familia”. Para Gabriela, abrir su hogar también representa una responsabilidad con la sociedad: “Creemos que como sociedad tenemos una deuda con generaciones de niños cuyos derechos han sido vulnerados. Esto también es una forma de defender ese derecho a vivir en familia”.

La decisión nació mientras seguían las noticias sobre la guerra en Gaza y comenzaron a preguntarse qué ocurría en Chile con aquellos niños que también necesitaban un hogar. Investigaron, conocieron el Programa de Familias de Acogida e iniciaron el proceso de evaluación. Meses después recibieron el llamado que cambiaría sus vidas. “Nos dijeron que había una niña esperando una familia y nosotros abrazamos esa oportunidad”.

Daniela Rivera conocía desde joven el acogimiento familiar gracias a la experiencia de sus padres. Este año recibió en su hogar a un bebé de apenas 28 días de vida, a quien retiró directamente desde el hospital. Permaneció con ella durante dos meses hasta ser integrado a su familia adoptiva. “Fue muy bonito conocerme en ese rol de mamá”. Sobre el momento de la despedida, recuerda: “Fue mágico. Todos los temores desaparecieron cuando entendí que estaba entregando a ese pequeñito a las personas que lo cuidarían para siempre. Fue una experiencia profundamente hermosa”.

Objetivo del seminario: derribar mitos

La directora regional del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, Carolina Navarro, explicó que uno de los principales objetivos del seminario fue derribar los mitos que aún existen en torno al acogimiento familiar y dar mayor visibilidad a las familias que hoy forman parte del programa. “Lo más importante es que un niño se sienta seguro, protegido y cuidado en una familia, y no que tenga que crecer en una residencia”, señaló.

Igualmente, la directora comentó que muchas personas creen erróneamente que el acogimiento termina de manera abrupta, cuando en realidad todo el proceso cuenta con acompañamiento profesional.

Desde el Ministerio de Desarrollo Social y Familia destacaron que una de las prioridades es que los niños menores de tres años puedan dejar las residencias para integrarse a un entorno familiar durante una etapa decisiva de su desarrollo. El Gobierno Regional de Los Ríos financió el seminario como parte de una estrategia destinada a fortalecer la difusión del acogimiento familiar en la región.

El derecho de un niño es sentirse protegido

Las familias de acogida saben que asumir este compromiso implica desafíos, aprendizajes y también despedidas. Sin embargo, todas coinciden en una misma convicción: ningún niño debería crecer sin la oportunidad de sentirse protegido, querido y parte de una familia. Ese fue el mensaje que dejó el seminario y también el testimonio de quienes decidieron abrir un espacio en sus hogares para restituir un derecho esencial. Porque abrir la puerta de una casa puede parecer un gesto cotidiano; para un niño puede representar el comienzo de una vida completamente distinta.

Por Marcelo Patroni, director de El Fuerte Noticias

 

Entradas relacionadas