Elervar la calidad de los aprendizajes y la formación integral de niños, niñas y adolescentes requiere mirar también lo que ocurre fuera del aula. Generar espacios de conversación entre estudiantes, familias, docentes y otros actores de las comunidades educativas permite ampliar los diagnósticos y construir respuestas frente a problemas que tienen múltiples causas.
VALDIVIA.– Fortalecer la calidad de la educación y los aprendizajes de niños, niñas y adolescentes constituye un desafío que muchas veces supera lo que ocurre dentro de una sala de clases. La formación de una persona está determinada por múltiples factores y, junto al trabajo pedagógico de profesores y establecimientos, intervienen también la convivencia escolar, la familia, las relaciones sociales y las características del entorno donde cada estudiante crece y desarrolla su vida cotidiana.
Esta mirada integral obliga a entender la educación como una responsabilidad que no recae exclusivamente sobre profesores y equipos directivos. Estudiantes, madres, padres y apoderados, asistentes de la educación y las propias comunidades poseen experiencias y conocimientos que permiten identificar dificultades y contribuir a la búsqueda de soluciones.
Generar espacios donde esas distintas perspectivas puedan encontrarse adquiere entonces especial relevancia. No solamente porque amplía la participación en las decisiones educativas, sino porque permite observar problemas que muchas veces resultan difíciles de comprender cuando se analizan exclusivamente desde el interior de un establecimiento.
Esa fue precisamente la lógica del encuentro realizado a mediados de mes en la Escuela México de Valdivia, donde 75 representantes de comunidades educativas de la Región de Los Ríos participaron en una de las instancias regionales del Congreso Educativo Nacional, impulsado por el Ministerio de Educación, donde participaron representantes de los diferentes estamentos que participan en la comunidad educativa.
Mirar la educación desde distintas perspectivas
Una de las características relevantes de la jornada fue reunir en una misma conversación a personas que habitualmente observan los problemas educativos desde posiciones diferentes.
Camila Olivares, coordinadora PIE del Colegio Teniente Merino, destacó precisamente ese elemento. “Muchas veces trabajamos los desafíos de la educación desde nuestros propios establecimientos, y no siempre tenemos la oportunidad de conversar con otras personas que cumplen distintos roles dentro de las comunidades educativas”, señaló.
Su reflexión apunta a uno de los desafíos que enfrenta actualmente el sistema: comprender que detrás de los resultados educativos existen realidades diversas y que las dificultades de aprendizaje, convivencia, participación o permanencia escolar no necesariamente pueden abordarse desde una sola institución o perspectiva.
La familia constituye una pieza particularmente relevante de ese entramado. La presidenta de la Asociación de Madres, Padres y Apoderados de Valdivia, Mari Marticorena, valoró la posibilidad de participar en la discusión, pero puso el acento en la necesidad de que estos procesos tengan continuidad.
“Es muy importante que esto no quede guardado, sino que lo utilicen y que nos hagan más preguntas y nos sigan contactando para entregar una mirada más completa”, sostuvo.
De los diagnósticos a las decisiones
El seremi de Educación de Los Ríos, Carlos Crot, explicó que la instancia permitió recoger las inquietudes provenientes de distintos integrantes de las comunidades educativas.
“Profesores, apoderados y estudiantes pudieron plantear sus sugerencias y como autoridades pudimos recoger aquellos planteamientos que pudieran surgir, con el afán que ha establecido nuestro Gobierno de mejorar las condiciones del proceso educativo y mejorar la participación de padres y apoderados en los proyectos educativos”, señaló.
Crot confirmó que las propuestas levantadas en Los Ríos fueron remitidas al nivel central del Ministerio de Educación para ser procesadas junto con los antecedentes generados por el Congreso Educativo Nacional.
Con ello, el desafío pasa ahora desde la conversación hacia la capacidad de transformar esos diagnósticos en información útil para las decisiones educativas.
Mejorar los aprendizajes, fortalecer la convivencia y contribuir a la formación integral de niños, niñas y adolescentes requiere del trabajo pedagógico que ocurre diariamente dentro de escuelas y liceos, pero también de comprender el contexto familiar y social que acompaña a cada estudiante y generar espacios donde quienes forman parte de esa realidad puedan ser escuchados.
Redacción El Fuerte Noticias


















