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Parque Vicente Pérez Rosales: un siglo protegiendo uno de los mayores patrimonios naturales de Chile

El parque nacional más antiguo y visitado del país llega a su centenario convertido en uno de los grandes símbolos naturales de la Región de Los Lagos. Con más de 253 mil hectáreas entre volcanes, bosques, ríos y lagos, su historia demuestra el valor de las políticas de conservación y plantea un nuevo desafío: compatibilizar una creciente actividad turística con la protección de los ecosistemas que precisamente explican su atractivo.

PUERTO VARAS.– Hace cien años, cuando el turismo de naturaleza estaba muy lejos de alcanzar la dimensión que tiene actualmente y la protección ambiental recién comenzaba a incorporarse a las políticas públicas, el Estado de Chile tomó una decisión que terminaría teniendo consecuencias mucho mayores de las que probablemente podían proyectarse entonces: proteger un extenso territorio de bosques, volcanes, ríos y lagos en el sur del país.

El 17 de agosto de 1926 fue creado el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales. Un siglo después, sus más de 253 mil hectáreas constituyen uno de los principales patrimonios naturales de Chile y conforman el parque nacional más antiguo y visitado del país.

El centenario fue conmemorado la semana pasada en Petrohué, comuna de Puerto Varas, precisamente en uno de sus lugares más reconocidos: el acceso a los senderos de los Saltos del Petrohué. Allí se instaló una placa y una cápsula del tiempo que permanecerá cerrada hasta 2126, cuando se cumplan dos siglos desde la creación del parque.

Pero los cien años permiten mirar bastante más lejos que la ceremonia.

Una decisión que se adelantó a su tiempo

La creación del Vicente Pérez Rosales forma parte de las primeras decisiones adoptadas por Chile para resguardar territorios de alto valor natural. Lo que comenzó hace un siglo como una política todavía incipiente fue evolucionando hasta configurar un sistema de protección de áreas silvestres que actualmente reconoce la conservación de la biodiversidad como una responsabilidad permanente del Estado.

En este territorio esa protección adquiere una dimensión especialmente significativa. El parque reúne ecosistemas de bosque templado lluvioso y ambientes de montaña, además de algunos de los hitos paisajísticos más reconocidos de la Región de Los Lagos: el volcán Osorno, los Saltos del Petrohué y el lago Todos los Santos.

Su ubicación lo vincula además directamente con la cuenca del lago Llanquihue y con uno de los principales circuitos turísticos del sur de Chile, donde localidades como Puerto Varas, Ensenada y Petrohué han desarrollado durante décadas una estrecha relación con el paisaje y la naturaleza.

El director regional de CONAF Los Lagos, Fernando Gebhard, destacó precisamente que la conservación alcanzada durante estas décadas no puede entenderse solamente como una tarea institucional.

“Las comunidades, los vecinos y nuestros guardaparques son esenciales en este cuidado. La Corporación Nacional Forestal lleva 56 años protegiendo estos bosques y esperamos que ese trabajo siga perdurando en el tiempo”, afirmó.

El desafío de ser el parque más visitado de Chile

La enorme valoración turística del Vicente Pérez Rosales representa también uno de sus mayores desafíos.

Miles de personas llegan atraídas durante todo el año por sus paisajes, senderos, bosques, lagos y volcanes. Durante el verano, los Saltos del Petrohué, el lago Todos los Santos y las actividades de naturaleza concentran buena parte de la demanda, mientras durante el invierno la nieve y los ambientes de montaña amplían las posibilidades del destino.

El volcán Osorno, visible desde buena parte de la cuenca del Llanquihue, constituye probablemente su imagen más reconocible y uno de los grandes íconos turísticos de la Región de Los Lagos.

Esa capacidad de atraer visitantes demuestra que conservación y desarrollo turístico no necesariamente representan objetivos contrapuestos. La existencia de un área protegida puede generar también actividad económica, empleo, servicios turísticos y oportunidades para las comunidades de su entorno.

Pero esa relación exige equilibrio.

Ser el parque nacional más visitado de Chile implica administrar una creciente presión sobre senderos, ecosistemas, residuos, infraestructura y espacios de alta fragilidad ambiental. El desafío de los próximos años será, por tanto, mejorar la experiencia de quienes llegan sin transformar el éxito turístico en una amenaza para aquello que vienen precisamente a conocer.

Un territorio con memoria

La conservación del parque tiene también una dimensión humana y cultural.

Durante la conmemoración, el lonko de la comunidad Liw-Ko del Lago Todos los Santos, Cristian Álvarez, realizó una ceremonia de invocación y agradecimiento a la naturaleza y planteó la importancia de reconocer la presencia de los pueblos originarios en este territorio.

“Desde nuestra cultura, cosmovisión e identidad mapuche (…) queremos que exista un pueblo vivo, que se respete nuestra presencia y que este territorio, que fue dado desde arriba, sea cuidado. La idea es que convivamos todos tranquilos, que la paz y la armonía siempre estén. Yo apelo a la memoria, no al odio y al rencor”, expresó.

Su reflexión incorpora otra dimensión al centenario. Un parque nacional no es solamente una superficie destinada a conservar flora y fauna. Es también un territorio con historia, comunidades, actividades productivas y distintas maneras de comprender la relación entre las personas y la naturaleza.

Los próximos cien años

El centenario del Vicente Pérez Rosales coincide además con una nueva etapa para la política de conservación chilena. El país está avanzando hacia una institucionalidad especializada en biodiversidad y áreas protegidas, después de décadas en que CONAF asumió buena parte de esa responsabilidad.

El desafío será profundizar lo construido.

Cambio climático, especies invasoras, presión turística, incendios, conservación de ecosistemas y necesidad de infraestructura compatible con áreas naturales protegidas configuran un escenario considerablemente más complejo que aquel existente en 1926.

Por eso, quizás el principal significado de estos cien años no esté solamente en mirar hacia atrás.

La cápsula instalada en Petrohué será abierta en 2126. Para entonces, quienes la encuentren podrán conocer qué pensaban quienes celebraron el primer siglo del parque. Pero el verdadero legado que reciban dependerá de las decisiones que se adopten mucho antes.

Que encuentren entonces un Vicente Pérez Rosales con más bosques, biodiversidad y naturaleza protegida, pero también capaz de seguir recibiendo responsablemente a quienes llegan a conocerlo, será probablemente la mejor manera de comprobar que aquella decisión adoptada por Chile en 1926 continuó teniendo sentido doscientos años después.

Redacción El Fuerte Noticias

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